No venimos a informar como si la información fuera un objeto neutral, pulcro y obediente. Venimos a contaminarla con contexto, ironía y territorio.
Este medio nace donde otros miran de lejos: en Mendoza, en sus calles, sus escuelas, sus plazas, sus discusiones repetidas hasta el cansancio y sus silencios cuidadosamente administrados. Nace en un lugar donde la realidad a veces se disfraza de normalidad para no incomodar demasiado.
No creemos en la objetividad como excusa para no tomar posición. Creemos en la honestidad de decir desde dónde se habla. Y desde acá se habla con memoria, con contradicciones, con humor ácido y con una sospecha constante de que lo que se dice “serio” muchas veces es lo menos serio de todo.
Este es un medio satírico. Pero no confundimos la sátira con la liviandad. La risa que buscamos es herramienta. Es incomodidad. Es espejo deformante que, justamente por deformar, muestra mejor lo que se quiere ocultar.
Nos reímos del poder, de sus formas pequeñas y grandes, de sus discursos prolijos y sus prácticas desprolijas. Nos reímos de lo que se presenta como inevitable. Pero no nos reímos de las personas que cargan con lo inevitable. Ahí está el límite que no cruzamos.
Defendemos la educación pública y gratuita no como consigna decorativa, sino como infraestructura de pensamiento. Sin educación pública no hay lectores críticos, y sin lectores críticos no hay conversación posible, solo ruido bien distribuido.
Defendemos los derechos humanos como piso mínimo de cualquier relato. No hay sátira posible sobre la dignidad vulnerada. No todo se puede convertir en chiste, y justamente por eso el humor importa, porque elige con precisión dónde se detiene.
Creemos en la pluralidad, pero no en la equivalencia de todo con todo. No todas las voces tienen el mismo peso histórico, ni la misma responsabilidad.
Nuestro territorio no es un decorado. Mendoza no es un escenario pintoresco ni notas al pie de la Argentina urbana. Es centro de disputa simbólica, política y cultural. Desde acá también se piensa el país, aunque a veces el país tarde en enterarse.
Publicamos para intervenir, no para adornar. Para incomodar, no para tranquilizar. Para abrir preguntas incluso cuando no tenemos respuestas elegantes.
Si algo de todo esto resulta incómodo, probablemente esté funcionando.